Si eres de las personas para quienes “domingo” significa
descansar, comer lo que haya, esperar que alguien más cocine o salir rapidito a
comprar algo, ver pelis o cualquier cosa que se te atraviese en la TV, pues
bienvenid@, eres de este club…
Quieres que el día dure eternamente, no quieres pensar que
al día siguiente vuelves a la nefasta rutina, prefieres ignorar todas esas
actividades que dejaste para el fin de semana y que decidiste no hacer por
cualquier motivo, y bueno ya es domingo, ya es tarde. Al parecer cualquier cosa
es mejor que ocuparte de las tareas que planeaste para tus días libres.
Particularmente los domingos me duelen… si, y casi
literalmente. Es una melancolía indescriptible, una necesidad de estar sola, de
no escuchar voces distintas a las del televisor, es un día para rogar con toda
mi alma que algo suceda que me permita no salir a trabajar el lunes, pero al
mismo tiempo aparece el anhelo de estar acompañada de esa persona, de ti.
Los domingos odio el gentío, pero la soledad… sabemos que pensar tanto en uno mismo no
siempre es bueno. Los demonios están en la constante espera de esa mínima
rendijita por donde salir y joderte.
Hace poco leí que cuando extrañas a alguien, realmente lo
que más extrañas son las experiencias y los momentos que viviste con esa
persona, ¿será cierto? Porque si es así, entonces no te extraño, pero maldita
sea como extraño los domingos a tu lado.
Mis domingos nunca han sido una fiesta, pero ahora que no te
tengo son demasiado domingos...
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