Tuesday, July 7, 2015

Un domingo demasiado domingo…

Si eres de las personas para quienes “domingo” significa descansar, comer lo que haya, esperar que alguien más cocine o salir rapidito a comprar algo, ver pelis o cualquier cosa que se te atraviese en la TV, pues bienvenid@, eres de este club…
Quieres que el día dure eternamente, no quieres pensar que al día siguiente vuelves a la nefasta rutina, prefieres ignorar todas esas actividades que dejaste para el fin de semana y que decidiste no hacer por cualquier motivo, y bueno ya es domingo, ya es tarde. Al parecer cualquier cosa es mejor que ocuparte de las tareas que planeaste para tus días libres.

Particularmente los domingos me duelen… si, y casi literalmente. Es una melancolía indescriptible, una necesidad de estar sola, de no escuchar voces distintas a las del televisor, es un día para rogar con toda mi alma que algo suceda que me permita no salir a trabajar el lunes, pero al mismo tiempo aparece el anhelo de estar acompañada de esa persona, de ti.

Los domingos odio el gentío, pero la soledad…  sabemos que pensar tanto en uno mismo no siempre es bueno. Los demonios están en la constante espera de esa mínima rendijita por donde salir y joderte.
Hace poco leí que cuando extrañas a alguien, realmente lo que más extrañas son las experiencias y los momentos que viviste con esa persona, ¿será cierto? Porque si es así, entonces no te extraño, pero maldita sea como extraño los domingos a tu lado.


Mis domingos nunca han sido una fiesta, pero ahora que no te tengo son demasiado domingos...


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